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domingo, abril 13

Después del post anterior, "profundo y reflexivo" como diría alguno, o "sin mas" como me gusta llamarlos a mi.... y después de una caña de manzana, canela y nueces... todo se vuelve un poco mas dulce....








Ana conoció a Jon en un café del puerto. Era la hora del desayuno de los funcionarios, y el pequeño bar estaba abarrotado. Con su mirada escudriñó el local hasta que una esquina vió una silla vacía en una mesa ocupada por un hombre de mediana edad. Decidió preguntar si estaba ocupada y sentarse allí, la opción de la barra parecía demasiado "brabucona" entre tanto estibador.

Aquel encuentro provocado por una necesitada coincidencia, fué el inicio de una primavera de tórridas tardes. Desde aquel primer día a penas hubo palabras.. sus miradas eran confidentes del deseo que entre ellos se abalanzaba...

A Jon le gustaba tratarla con delicadeza, con sumisión hacia su piel... Corría las cortinas y bajaba la persiana para provocar una pausa en el tiempo. Movido por el deseo, aquel segundo día cogió un suave pañuelo de seda y lo anudó cogiendo sus manos a los barrotes del cabecero de la cama. Comenzó a lamer sus pechos y las piernas de Ana se irguieron mostrando su deseo húmedo como una suave bocanada de placer. La lengua húmeda de Jon despertó sus ojos, quería mirar, quería ver como Jon la recorría, sentir su humedad no era suficiente.. hasta que el se recostó a su lado. Ana cruzo su pierna por encima del cuerpo de Jon... y el deseo de Ana quedó expuesto a un suave roce de la polla de Jon... Con ritmo vacilante ella se entregaba a un juego ciego, tan solo un roce húmedo y cálido... solo excitación, el deseo de ser penetrada... Jon no dejaba de jugar con sus pezones, cada vez mas abultados y duros.... respiraba humedad por cada poro de aquel cuerpo..

Nunca usaban condón, todo era tan loco como la forma en que se habían conocido... Deseaban sentirse el uno al otro al máximo, no dejar escapar ni un resquicio de placer. Jon comenzó a penetrarla y los gemidos de Ana se ahogaban mientras giraba su cabeza sobre la almohada. Apenas se movieron, apenas se rompió el tiempo... Jon se corrió y la calidez se extendió por toda la habitación.. Ana tensaba el pañuelo sobre sus muñecas, se retorcía de placer... mientras se cuerpo se envolvía en un inagotable escalofrío...

Jon no fumaba, pero Ana sentia la necesidad de estrellar el humo de sus cigarrillos en el olor de aquella habitación.. mientras el tiempo de nuevo recuperaba su ritmo. Sus cuerpos con lentitud se incorporaban a sus vidas ajenas desde aquella pasión con caducidad.

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