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jueves, junio 25

Secuencias

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Recorro un sendero ocre pálido. Las piedras en tonos graves se esparcen sobre la vaporosa tierra, otras logran esconderse bajo un oscuro verdor. Camino junto a un acantilado, la brisa lejos de ser fuerte es suave y a la vez heladora, apenas posee fuerza para sentirla sobre mi rostro. El sol se desploma, carece de fuerza para brillar en lo alto del cielo, está ausente.
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Imaginación provocada por unos acordes de música, no alcanzo a describirlo. La inactividad se rompe de repente y he de huir de nuevo, correr hacia ninguna parte a encontrarme con la soledad, soledad natural, agreste, inhóspita, soledad que me proporciona esa simulada paz que desaforadamente persigo.
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El latir de mi vida frena en seco, y no puedo evitar mirar a mi alrededor. Observo los destellos de esa vida y la esencia de su movimiento, momento en el que me abraza con su infelicidad. Conocimiento de lo que me rodea, roedor de la mas oculta de las ignorancias, felicidad que abandonas el conocimiento. Ambos emprenden senderos distintos, y hacia ninguna parte comienzo a caminar.
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¿Qué me embriaga?
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Lo sentato para vivir es la alegria, no la felicidad.
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1 comentario:

MARTÍN RINCÓN HOEFKEN dijo...

El amor, el amor... es todo un tema y que se habla siempre. Pero, cada vez que se habla, es como si se volviera a vivir. El amor es algo que se extraña horrores cuando no se tiene. Felicidades!!!